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La Puerta Falsa

  • 28 abr 2016
  • 3 Min. de lectura

El lugar fue fundado en el año 1816 y hasta la actualidad ha brindado el mismo servicio a la comunidad

En la calle once con carrera sexta, exactamente en el barrio la Candelaria, icono cultural de la ciudad de Bogotá, se encuentra el famoso restaurante conocido como: La Puerta Falsa, junto a la Catedral Primada ubicados en el centro de la capital. El 16 de julio de 1816 se inauguró el emblemático lugar tomando como referente las festividades que se realizaban por la época de la virgen del Carmen, en 3 meses celebrarán su bicentenario.

La puerta que no resalta en medio de la angosta calle, además de que no tiene un gran tamaño, puede pasar inadvertida para aquellas personas que suelen ir en la inopia, divagando en su imaginación, sin embargo, para quienes son un poco más curiosos e inquietos, éste lugar brinda su espacio para degustar exquisitos platillos, pasar un rato agradable y conocer un poco más el legado y trascendencia cultural colombiana. Martha Sabogal, administradora del restaurante afirma que las comunidades que vivían cerca a la iglesia se reunían para conmemorar el día de la Virgen del Carmen, celebrado el 16 de julio; aquellas personas traían variedad de dulces y colaciones de la época para compartir entre sí.

El pequeño y agradable sitio se ubicó en una de las sales principales de la casa construida hace más de 400 años, cuando su dueña decidió vender dulces épicos como: las marquesas, las brevas, los postres de nata y el agua de panela. Posteriormente alrededor de 1870 se agregó al menú el chocolate, en 1900 tomo fuerza el tamal, el famoso ajiaco santafereño, entre otros platillos tradicionales. Estos productos permiten a los clientes conectarse con el pasado, a tiempos memorables o recuerdos familiares, principalmente ligados a los abuelos, ancestros de la ciudad.


-“El nombre viene a raíz de que en esa época y justo frente a la entrada del negocio y, en la arquitectura religiosa, todas las puertas laterales de las iglesias que dan sobre las calles peatonales se les denominaban puertas falsas”- dice Martha. En un principio el lugar solo contemplaba un piso, en el año 1947 hicieron un pequeño altillo en el segundo piso para tratar de ampliar el local, los dueños ambientaron el sitio creando un clima cálido, con el color ocre como predominante, más la escalera y unas pocas sillas en madera y, una vitrina hacen de éste un lugar acogedor.


En el año 2002 el restaurante fue víctima de un corto circuito el cual produjo un incendio que consumió todo el lugar, perdieron varias de las fotografías, manuscritos y de más elementos que relataban la historia del mismo, tardaron alrededor de 4 meses para reconstruir el sitio tal cual como era antes del incidente.


En la actualidad el restaurante reconocido como patrimonio cultural pertenece a la familia Sabogal, conocidos como la séptima generación, ésta familia es la que le permite 200 años después a sus clientes deleitarse con la historia y tradición de la comida bogotana. Juan Camilo Sabogal, perteneciente a la séptima generación afirma que La Puerta Falsa ha tenido una connotación fuerte desde las primeras generaciones, puesto que se les inculca desde pequeños la atención al público y el agradecimiento hacia las personas por su asistencia al lugar. Además muchos de sus clientes resaltan el hecho de conservar y preservan sitios tan emblemáticos para la historia capitalidad, que no solo mantienen una estructura física sino toda una tradición en los alimentos, lo que lo convierte en un ícono bogotano.


 
 
 

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